La vivienda y el territorio están íntimamente ligados, uno afecta al otro. Los bosques, los campos, las aldeas y ciudades, forman parte de un solo paisaje, de un solo lugar.

Supongo que por inconsciencia no hemos planeado aún nuestro territorio. Los planes territoriales y urbanos que hemos hecho abarcan muy poco. Pocas ciudades y estados cuentan con planes de desarrollo urbano. Nuestro país está deforestado, el campo abandonado y las urbanizaciones se extienden de manera desordenada devorando el paisaje. Faltan muchas carreteras por construir, reactivar los trenes, construir y mejorar puertos y aeropuertos. Generar energía alternativa.

Es aleccionador para cualquiera sobrevolar aunque sea a través de Google earth, Holanda, Francia o Inglaterra, para entender que si se puede controlar el territorio. Que las urbanizaciones están perfectamente delimitadas, conviviendo con campos de cultivo y sus entornos naturales.

Debemos limitar de manera inteligente la extensión de nuestras ciudades y a la vez reforestar los montes y trabajar los campos. 

Nuestro caso de estudio, Milpa Alta, es muy delicado pues, por su cercanía con la ciudad de México enfrenta procesos de deforestación y crecimiento urbano rápido y disperso. Lo mas grave es que esta zona, es un área importantísima para la recarga del acuífero que alimenta a la metrópoli.

Proponemos entonces, crear un límite paracada poblado, construido con casas adosadas que formen una gran muralla. Hacia un lado, el poblado, hacia el otro, el campo y el paisaje.

Las casas de muros de ladrillo, con desplantes de tan solo 30m2 se levantan tan altas como las necesidades y la economía de cada morador. Su forma hexagonal ofrece variedad de arreglos que rompen la monotonía del conjunto. Hacia el interior de la vivienda eficiencia, amplitud, vistas y orientaciones múltiples.